
Cada año los Mexicanos celebramos a los muertos en 2 versiones diferentes:
El Día de los Fieles Difuntos 2 de Noviembre, y Halloween el 31 de Octubre…
Los primeros se aferran a las tradiciones Mexicanas y ponen su altar, sus ofrendas y van a los panteones a llevar flores.
Los segundos ponen calabazas con rostros iluminados, esqueletos, brujas, dráculas, fantasmas y demás.
En lo personal yo prefiero observar desde en medio, y aunque -para mí- realmente la muerte no tiene día, no impido las mezclas culturales que muy Mexicanamente nos patentamos hoy.
Pero, -aquí viene el pero-, he observado que los niñ@s la pasan mas “chido” y se divierten mucho mas con el Halloween que con el dulce de calabaza, las calaveritas de alfajor, las visitas al panteón y Los rosarios –rezados casi siempre en automático, (bola chica, bola chica, bola grande…)-.
Esta herejía de preferir el Halloween, –dijera mi Papa- es sencilla: La muerte se vuelve un desfile de niñ@s enfundados en los mas variados disfraces, cargando sus bolsas para recolectar el mas preciado tesoro infantil: DULCES! (aunque pagarán el precio de haberse refinado una inflable mezcla “candyca”, desde pelón pelorrico, hasta ferreros roche).
Yo me vuelvo proveedor y cómplice de ellos, y -si se puede- desfilo con ellos orgullosa y gallardamente por las calles.
Y al grito de “QUEREMOS HALLOWEEN! QUEREMOS HALLOWEEN!”, la pasarela infantil se llevara acabo este próximo fin de semana.
Y como dijo el buen Jesús:
“Quien no reciba el reino de dios como un niño, no entrara en el”
TNX!