
Digamos que el fin de semana provoco el énfasis, pero la melancolía ya venia…
Me resulta inevitable; basta con que comience el frió Navideño y que me ponga a hacer la lista de regalos, para que mi sistema nervioso se colapse y quede bloqueado; a esto añadele la publicidad en radio y TV con villancicos y todo –los peces siguen bebiendo en el río, y Rodolfo conserva su nariz roja- .Vienen luego los locutores y conductores de voz falsa que hablan de paz y amor en el mundo, y de la unión familiar. Todo se vuelve bonito, con campanas sobre campanas (tilín-tilín) y sobre la campana uno…..Nadie se comporta de acuerdo a su naturaleza. De pronto resulta que todos son buenos, que todos adoran a su familia (natural y política), y ponen cara de que van a Belén con todo y borreguito; además nos dicen que siempre nos han querido y que, si alguna diferencia ha habido entre nosotros, todo se debe a un mal entendido, o a uno de esos chismes que nunca faltan.
Pero no es eso lo mas grave, no, lo terrible es esa presión social que nos obliga a ser “Santocloses” so pena que todos nos consideren unos desalmados –sin alma-, por no regalar a diestra y siniestra.
Y ya al final entra la melancolía gruesa: saber que en enero se reanudaran las hostilidades, que vienen los días vacíos, los días en que no pasa nada y nadie hace nada, marchitos, friolentos e hipercrudos. . . . Y muy difícilmente –lo confieso-, mi alma resistirá el disco de “rock en tu idioma 3” que algún despistado me regalara en uno de esos intercambios implacables de oficina…
¡¡ Omaigod !!